
Realizar bien un biopic no es una labor sencilla. Hay que saber otorgarle el peso adecuado a cada aspecto de la vida del protagonista. Si pones demasiado énfasis en su vida personal corres el riesgo de que la película se vuelva melodramática, pero si no pones el suficiente es posible que no se llegue a empatizar con él, y que la historia carezca de emociones.
En el caso de personalidades como Steve Jobs o Alan Turing, con una vida completa y llena de episodios rocambolescos, resulta fácil encontrar suficientes anécdotas como para dar lugar a una cinta entretenida. Si tu protagonista es Edward Snowden, un chaval de apenas 29 años, con una vida personal que se reduce a su novia de toda la vida, y cuya historia principal es tan reciente que ni ha acabado, la labor resulta mucho más compleja.
“Snowden” es una película con una intención puramente crítica, que se disfraza de biopic con la excusa de dar eco a los sucesos que en ella se cuentan. Es por eso que trata sobre unos acontecimientos tan recientes, y sobre un personaje con mucha vida todavía por delante.

Al Hollywood de los años 30 llega el joven Bobby Dorfman, buscando iniciar una nueva vida lejos de su negocio familiar en Nueva York. Perdido en esa nueva y lujosa ciudad recurrirá a su tío, un exitoso productor de cine, para que le consiga un modesto trabajo como repartidor en su oficina. Allí conocerá a la encantadora Vonnie, cuya naturalidad, tan opuesta al glamour característico de la ciudad, enamorará locamente al recién llegado.




