Crítica de ‘Detroit’

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“Con Detroit, Kathryn Bigelow demuestra, una vez más, que nadie sabe generar tensión como ella.»

Hace ya 50 años de la revuelta originada por una acción policial en los suburbios de la Detroit, de población predominantemente afroamericana. Donde los asaltos, tiroteos y francotiradores convirtieron los disturbios en una auténtica guerra, que se saldó con 43 muertos y más de 2000 heridos.

Casi medio siglo ha pasado, pero la historia nos sigue resultando cercana. Con los incidentes de Ferguson aún candentes, y un presidente abiertamente apoyado por el Ku Klux Klan, el problema de odio racial en Estados Unidos parece seguir anclado en el pasado siglo. Tal vez por eso Kathryn Bigelow (‘En tierra hostil’, ‘Thirty Dark Night’) haya decidido revivir ahora aquella historia. Para enseñarnos lo poco que hemos avanzado.

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Sin embargo, lo primero que debemos decir de ‘Detroit’ es que la película no cubre todos los incidentes que asolaron la ciudad. El primer acto nos presenta como surgieron, pero no deja de ser una simple introducción hacia la parte central de la película: los incidentes del “Motel Algiers”, en los que varios sospechosos de raza negra fueron retenidos e interrogados por la policía, mediante métodos brutales y fuera de toda ley.

Kathryn Bigelow demuestra, una vez más, que nadie sabe generar tensión como ella. Con una dirección sublime que nos sumerge de lleno en el motel Algiers, para hacernos vivir la pesadilla como si fuésemos una de aquellas víctimas. Miedo, impotencia, agobio y una asfixiante sensación de injusticia se apoderarán de nosotros para impedirnos despegar los ojos de la pantalla.

La película cuenta con un reparto coral, lleno de buenas actuaciones entre las que sobresale Will Poulter (‘El renacido’, ‘El corredor del laberinto’). Su papel de policía racista resulta odioso e intimidante como pocos. Convirtiéndole, en gran medida, en el máximo responsable a la hora de generar el miedo tanto a los protagonistas como al público.

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Poli malo, poli malo.

Es cierto que ‘Detroit’ no está libre de lagunas. Su tercer acto resulta un alargamiento innecesario de la película, y podría haberse recortado en gran medida. Además, su nombre puede llevar a error, al no tratarse de una película que cubra, ni de lejos, todos los sucesos y matices que se produjeron en aquellos disturbios. Pero, pese a todo, estos posibles fallos no logran desmerecer el conjunto.

Kathryn Bigelow nos muestra con su película cómo es  vivir en un país en el que el color de tu piel te convierte en sospechoso. En el que ser inocente no es garantía de nada, y tus derechos terminan donde empiezan los prejuicios de los demás. ‘Detroit’ es, afortunadamente, lo más cerca que estaremos nunca de sufrir todo eso. Por eso hace falta sentir el nudo en el estómago que nos provoca; para saber que cualquier mal rato que pasemos, no será nada comparado con la realidad a la que muchos se enfrentan.

puntuación de 4 sobre 5


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