Crítica de «La luz entre los oceános»

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Es una práctica común en cine y TV relatar los acontecimientos desde el punto de vista del antagonista. Simpatizar con Walter White o Dexter es sencillo, pero sus  prácticas nos parecen injustificables y claramente repulsivas. Empatizar con un personaje y hacerlo con sus acciones es algo completamente diferente, y cuando son las malas acciones las que tratan de justificarse, aparece una moralidad difícilmente aceptada por un amplio público.

Tom (Michael Fassbender), un héroe de guerra, buscando soledad y tranquilidad, acepta trabajar en un faro totalmente aislado. Tras un breve romance a distancia con Isabel (Alicia Vikander), contraerán matrimonio instalándose ambos cerca del faro. Pero lo que parecía una bonita historia de amor, se ve frustrada por las dificultades de la pareja para concebir hijos.

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El mejor día de la vida de cualquier mujer, el día que se casa con Fassbender

La mayor virtud de «La luz entre los océanos» es la fotografía y la belleza de los paisajes. Derek Cianfrance sabe perfectamente como jugar con las luces para crear un magnetismo especial en las escenas. Y utiliza el paisaje como parte de la obra, dotando de carácter propio al entorno con la intención de intensificar las emociones que trata de mostrar.

Pero nos encontramos con una trama demasiado larga que  intenta transmitir un mensaje no se logra representar plenamente. Intenta dar a entender que en ocasiones la vida te enfrenta a situaciones en las que te ves arrastrado, y no hay malos ni buenos; sólo circunstancias adversas.

 Y es ahí donde radica el error de la película. No ves esa circunstancia como fortuita. Las decisiones tienen consecuencias, y como espectadores no podemos dejar de juzgar algo que la película trata de evitar. Muchos espectadores se sentirán engañados, o confusos ante tal evidencia. Otros podrán saltarla por alto y profundizar más en el comportamiento de los personajes.

THE LIGHT BETWEEN OCEANS
Primer paso para curar el «hipterismo».

Que Michael Fassbender y Alicia Vikander tienen mucha química es indiscutible. La primera parte es más floja interpretativamente, sobre todo por parte de Vikander. Pero en la segunda parte sobresale con una fuerza y coraje digna de la ganadora de un Oscar. Y son ellos, la pareja protagonista, la que da verdadero dramatismo a la película. Siendo las escenas más conmovedoras aquellas en las que su interpretación reúne las mejores cualidades.

Una película que se centra más en el exterior que en el interior, en el aspecto frente al trasfondo; confiando que el espectador empatice más con los colores pastel que con la propia historia. Un melodrama confuso salvado por las interpretaciones, donde media hora menos hubiera hecho un favor al conjunto. No es un mal producto, pero esperábamos algo más de un director que se atrevió a hablarnos del amor más real y natural en “Blue Valantine”.

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