‘La enfermedad del domingo’, la cura al abandono [Crítica]

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Ramón Salazar convierte ‘La enfermedad del domingo‘ en un auténtico gozo sensorial, donde el envoltorio prima sobre el contenido.

Maternidad, abandono, culpabilidad, rechazo. Palabras que retumban en la obra de Ramón Salazar, capaz de construir un relato perturbador y enigmático con dos mujeres fuertes a las que la vida, el de destino y las decisiones les han convertido en dos extrañas.

Anabel (Susi Sánchez) abandonó a Chiara (Bárbara Lennie)  siendo solo una niña.  Treinta años después, convertida en mujer, le propone pasar con ella diez días. Una extraña petición que pilla desprevenida  a una madre que apenas recuerda a esa niña a la que dejó atrás. Un capítulo olvidado que se ve obligada a retomar, releyendo cada uno de sus errores, mientras observa al fruto de su lejanía mirarla de cerca.

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Barbara Lennie y Susi Sanchez en ‘La enfermedad del domingo’

Lo primero que sorprende en ‘La enfermedad del domingo‘, es el misticismo que envuelve cada rincón de su película. Los planos cargados de simbolismo, pequeños detalles que afloran sensaciones y sentimientos que parecían escondidos. Y convierte algo tan transparente como una relación madre e hija en un asunto incómodo y ajeno.

Pero ese aura magnética que crea Ramón Salazar no acompaña a una historia mucho más simple . Lo que quiere contar y cómo lo hace no acaba de encajar por completo, dando la sensación de que en ocasiones solo busca crear ese plano bonito o momento simbólico sin importar que el contenido no trascienda tanto como las imágenes.

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Bárbara Lenni y Susi Sánchez en ‘La enfermedad del domingo’

Aunque sin lugar a duda las que sí logran trascender son Bárbara Lennie y Susi Sanchez, dos inmensas actrices que despliegan su talento de manera desmedida. Y consiguen hacer suya la película,  mostrándonos ese paso de la incomodidad a la complicidad, de lo extraño a la familiar, y del rencor a la comprensión durante los diez días que dura esta historia.

Secretos que se escapan en el viento mientras los cabellos se entremezclan, dos generaciones distanciadas en el tiempo y en el espacio, dolor y amor que convierten esos diez días en un trágico acercamiento donde dos mujeres se descubren la una a la otra. Y es precisamente estos detalles los que hacen de ‘la enfermedad del domingo‘ un auténtico gozo sensorial.

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