Crítica de «Jackie»

Vivimos en una sociedad que se transforma constantemente. Donde los ídolos cambian de una  generación a otra y las referencias se olvidan una vez vistas. Una época donde triunfar es fácil, pero perdurar es complicado. Jackie Kennedy sabía todo esto, y tras la muerte de su marido temió caer en la indiferencia y el olvido de aquellos que la habían admirado y querido.

Este biopic recoge los días posteriores a la muerte de J.F. Kennedy. Mediante diferentes capas argumentales nos muestra cómo vivió esos duros momentos la que por entonces era la primera dama. La pérdida no solo de un marido, sino de un trono. Un drama intimo lleno de claroscuros donde lo mejor y peor de Jackie Kennedy aparece en pantalla. Una narración impecable llena de matices, donde los diálogos se vuelven algo íntimo y los planos colorean momentos de gran intensidad.

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Cuando vas mona, y te llevan a cenar a un Mexicano.

Estamos pues ante la radiografía de una mujer hecha película. Donde empatizar no es un requisito, sino dejarnos llevar en un viaje entre el mito y la realidad. A través tres momentos de su vida que se intercalan con gran acierto, en torno a un suceso que marcará la vida de su protagonista.

Natalie Portman está nominada al Oscar y viendo la película sobran las razones. Escenas donde muestra una fuerza sobrehumana, dejan paso a momentos de debilidad y miedo. Los matices del personaje te alejan completamente de Portman y te acercan a una Jackie que no anda, flota; que habla con dulzura y a la vez impone y con una sonrisa forzada que esconden a una mujer insegura y fuerte a la vez. En definitiva, una Jackie digna del biopic.

Lo que se conoce como «cena íntima».

“No debes olvidar que una vez hubo un lugar, por un luminoso breve momento, llamado Camelot”. Con esa frase, sacada de la BSO de la propia película, logra resumirse a la perfección lo que los Kennedy supusieron para todo un país. Una película que no muestra nada que no hayamos visto antes, pero lo hace de una forma tan acertada que el mito se vuelve intenso y real. Y nos quedamos mirando la pantalla viendo los recuerdos de una época, que perdura en la memoria.

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