Crítica de «El viajante»

Aunque quizás no nos demos cuenta al verlo, el comienzo de “El viajante” tiene más significado del que puede parecer. Se trata de una escena en la que un edificio es evacuado por peligro de derrumbamiento. Vemos una construcción agrietada, al borde de un inevitable colapso que nadie sabe bien cuando llegará. Al igual que ese edificio, las personas también sufrimos daños que pueden acabar haciendo que nos derrumbemos. La diferencia es que, en el caso de las personas, no hay ninguna grieta a la vista que nos avise del peligro.

Estas “grietas” se producirán también en Emad y Rana. Una de las parejas evacuadas, que se verá obligada a buscar otro piso en el que vivir. Cuando por fin lo encuentren todo parece estar en orden. Sin embargo, un día la mujer será asaltada en la vivienda por un desconocido. Tras lo cual, la pareja se encontrará dividida entre la dificultad de seguir adelante con su vida, y el deseo de venganza contra el agresor.

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-Señor Mújica ¿está usted bien?

Ashgar Farhadi dirige con gran acierto esta obra sobre la humillación y la venganza. Su trabajo tras la cámara, unido a las grandes interpretaciones de los protagonistas, resulta clave para describir los sentimientos humanos de una manera tan sutil como efectiva. Logrando que casi podamos saborear su amargura a través de la pantalla.

El drama personal se mezcla con el suspense a lo largo de toda la trama. Junto a esos sentimientos íntimos tan bien mostrados, nos encontramos la intriga de la historia que se esconde tras la agresión.  Una combinación producida de forma completamente natural y realista. Y que resulta clave para mantener enganchado al espectador, permitiendo que el aspecto dramático se desarrolle de manera más lenta y, por tanto, que cause aún más impacto cuando finalmente golpea.

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Bostezo sobreactuado

Sin embargo, bajo esa capa de suspense subyace un profundo mensaje sobre la inutilidad de la venganza. Una reflexión sobre como, por mucho que el odio nos empuje a ella, realmente no supone ningún tipo de alivio o reparación del daño causado. Frente a este nulo efecto reparador nos encontramos, además, el dolor que puede causar esa obsesión. Al dejarnos tan absorbidos por el deseo de vengar la afrenta, que no nos damos cuenta de que estamos agravando la situación.

Farhadi logra dejar poso en el espectador sin tener que recurrir a grandes efectos. Su conocimiento de los sentimientos humanos, unido a lo sutil de su narración, es suficiente para atraparnos por completo en su relato. Dicen que aquel que busca venganza debe cavar dos tumbas, y “El viajante” muestra como nadie la verdad que encierra esta metáfora.

puntuación de 4 sobre 5

La Claqueta Metálica

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