Crítica de «Anomalous»

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La culpa, no como figura jurídica, sino como sentimiento, es un término tan complejo de definir como de llevar. Capaz de convertirnos en nuestros más duros jueces, transforma nuestros actos en cargas invisibles pero abrumadoras. Como dijo Séneca “El hombre culpable se convierte en su propio verdugo”. En «Anomalous» nos encontramos con una historia que, ante todo, trata sobre la culpabilidad. Centrándose en las luces y sombras que envuelven a cada persona, y su forma de lidiar con ellas.

David (Edgar Fox) es un paciente de esquizofrenia al que su psiquiatra, el doctor Friedhoff (Lluís Homar), convence para grabar su día a día con una cámara. Con el objetivo de poder verlas después, y diferenciar lo que es verdad de lo que es producto de su imaginación. Sin embargo, el suicidio de David , y posterior hallazgo de las cintas por parte de la policía, lleva a la agente Maia (Christy Escobar)  a interrogar al reputado psiquiatra; para ver si él puede arrojar algo de luz sobre el caso.

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Lluis Homar en lo más alto de su carrera, literalmente.

Hugo Stuven se estrena como director con este largometraje. Sin embargo,  no da la sensación de que estemos ante una ópera prima. Resulta común, en los primeros trabajos de muchos autores, que la falta de experiencia se deje notar en un abuso de recursos. Y se añada a la película elementos innecesarios que no aportan valor. O queden abiertas tramas que confunden al propio espectador.

Este no es el caso de «Anomalous«. Todo lo que vemos en este thriller psicológico tiene un sentido y sirve a un propósito. Logrando que, al terminar de verla, echemos la vista atrás y recordemos multitud de detalles que, ahora sí, cobran pleno sentido. La historia podrá gustar más o menos, pero resulta innegable que la trama, pese a su complejidad, se desarrolla con fluidez y sin dejar cabos sueltos. Lo cual es algo meritorio y difícil de encontrar en este género.

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– Tomaré nota de todo, prosiga. – De primero las lentejas, de segundo la lubina a la plancha.

Nos encontramos con una película donde las formas predominan sobre los personajes, alejada del clásico cine español. En la que las diferentes técnicas de grabación, los cuidados planos, y una banda sonora muy acorde (realizada por Sergio Jiménez Lacima), logran otorgar a la película un estilo muy propio. Un debut que sirve como presentación de un director al que merece la pena seguir la pista.3-5

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