Zinemaldia 2023 – Ficción en las entrañas de la realidad: sobre ‘La estrella azul’ y ‘Secretos de un escándalo’

Uno de los momentos más brillantes de Gastos incluidos, el cortometraje más reconocido de Javier Macipe, era una elipsis elaborada con mucho mimo. Sin que hubiese si quiera un cambio de plano (al menos que el espectador detecte), la película se trasladaba en el tiempo desde la llegada de un nuevo inquilino a un particular piso compartido hasta que la convivencia en la vivienda estaba ya plenamente establecida.

No es un gesto particularmente original, de hecho se trata de un recurso bastante manido y muy utilizado también en la publicidad (en cuyo lenguaje la elipsis encaja muy bien porque recorta los tiempos). Sin embargo, había algo especial. Quizá en la mezcla de naturalidad y requiebro que Macipe conseguía. Como cuando una canción tiene un cambio de ritmo a la mitad que rompe la dinámica establecida, pero encaja perfectamente y el subidón eleva el tema.

En su primer largo, quizá porque la música lo permea todo, Macipe logra este efecto continuamente. La estrella azul es el debut más audaz del cine de ficción español en lo que va de década porque burla continuamente las expectativas, pero lo hace desde la coherencia y la naturalidad más absolutas.

Es la historia de Mauricio Aznar, líder de la banda zaragozana de rock Más Birras. Un grupo desconocido para muchas de las personas que nos acercamos a esta película durante el Festival de San Sebastián, donde se presentó por primera vez en el marco de la sección Nuevos Directores. La pericia de Macipe pone de su parte la particularidad de construir una especie de biopic a partir de alguien no masivamente conocido. No sabemos qué derroteros tomará su vida ni su historia. Todos ellos acaban resultando apasionantes, como también el enfoque del director para mostrarlos.

Porque desencantado y bloqueado, el protagonista (un Pepe Lorente que logra aquí una interpretación de puro carisma y desparpajo) emprende a los pocos minutos de metraje un viaje de autodescubrimiento a América Latina. La travesía se detendrá cuando entre en contacto con Don Carlos (impresionante la ternura de Cuti Carbajal), autor de algunas de las canciones más identificativas del folclore argentino, y con toda su familia. Se convertirá en un miembro más del entorno, aunque sea en un miembro siempre consciente de su lugar.

Suena mal, sí, a paternalismo y esencialismo. A utilización de la realidad ajena para la iluminación propia. De ahí el prodigio narrativo, interpretativo y de manejo del ritmo que Macipe logra con su equipo y su reparto. Por suerte el colonialismo o el eurocentrismo cinematográficos no están en un argumento, sino en la forma de desplegarlo en imágenes, y también en las condiciones materiales que desembocan en dichas imágenes.

La humanidad, candidez y gracia de estas escenas no sería posible sin un rodaje que reduce al máximo los desequilibrios propios de una producción audiovisual, especialmente entre países diferentes. Como tampoco aparecerían sin un trabajo de edición que deja las escenas respirar, que no las plantea como un mero vehículo para la tensión o el conflicto sin que esto implique hacerlos desaparecer. Ni sin un espacio para la improvisación, para que los actores profesionales y los no profesionales hagan suyo los papeles tomando y desprendiendo lo que consideren oportuno dentro de un marco que permita a la historia fluir.

Y así lo hace, con tanta naturalidad que parece la cosa más sencilla del mundo pero es un desafío enorme. Como lo es mantener la emoción cuando el relato regresa a España y los conflictos son si se quiere más mundanos (aunque por ahí anden también Enrique Bunbury y otros condimentos que dan bastante vidilla). Pero es que la película está tan bien escrita y dirigida, precisamente por la falta de ínfulas, que resulta imposible no prendarse de su encanto.

Precisamente por ello, el impacto es tan brutal en el último tramo. Los conflictos emocionales que de vez en cuando torcían la sonrisa que La estrella azul dibuja casi siempre se ponen en primer plano. Macipe toma entonces una decisión que es una auténtica virguería en el mejor sentido de la palabra, porque no está ahí para epatar o descolocar. Está porque Macipe es consciente de que no puede contar lo que va a contar como si nada, que la distancia con el resto de la película es tan abismal que aquí el mecanismo cinematográfico no puede mantenerse impasible.

Así, en un momento dado, en una conversación de una escena que parece una más de la película (no por intrascendente, sino porque al inicio nada indica que la naturaleza del segmento es distinta), el protagonista avanza a otro personaje su propio destino. La realidad de la ficción se quiebra y el dispositivo se revela. Más tarde lo hará incluso literal y físicamente. Porque hay cosas tan difíciles, tan duras de contar, que la mejor manera de hacerlo es a través del relato o la escenificación de cómo podrían contarse.

la estrella azul san sebastian 2023
Imagen de La estrella azul

Esta autoconciencia del relato sobrevuela aún más en Secretos de un escándalo (tanto que el título español parece una apuesta por resaltar la apariencia de telefilm de sobremesa). Como en La estrella azul, la última escena coloca el dispositivo cinematográfico en primer plano. El recorrido es, sin embargo, justamente el opuesto: no es que la ficción salga de sí misma, sino que introduce una capa más en ella con la consumación del rodaje de una historia a la que nos acercamos cuando sobre ella comienza a cernirse la amenaza de la ficción.

Para preparar su próximo papel, una actriz pasa un tiempo con una familia surgida del romance entre una profesora y un alumno que tenía apenas 13 años cuando empezó la relación. Aunque la docente llegó a ingresar en prisión, la relación nunca se rompió y años después siguen juntos. En este entorno se introduce Natalie Portman para demostrar que el choque entre lo que pasa y la representación de lo que pasa nunca es armonioso.

Y eso es justamente lo que Todd Haynes traslada a la puesta en escena, una estética visual (y sonora, ojo a algunos efectos de sonido divertidísimos de tanto que remarcan una absurda sorpresa) que retrotrae inmediatamente al imaginario de las ficciones menos realistas y más descarnadas del mundo. Ya no el melodrama al que remitía en Lejos del cielo o Carol, sino su equivalente más directo en el audiovisual contemporáneo: las pelis de tarde.

El diseño de escenarios de la casa (con ese pequeño puerto que huele a tragedia), los planos anaranjados de puestas de sol, las líneas de diálogo pasadas de rosca o las interpretaciones de Portman y Julianne Moore nos llevan directamente a las antípodas del realismo. Charles Melton se encuentra, en cambio, en otro código: su rostro y su gestualidad frías y ensimismadas, torpes incluso, son las de quien se ve superado por la intensidad de la ficción cuando solo aspira a una vida práctica con los pies en la tierra.

Más allá del ejercicio metacinematográfico al que se presta Haynes de la mano del guion de Samy Burch y Alex Mechanik, el director de Velvet Goldmine hace de la película una experiencia que merece mucho la pena por divertida y mordaz. Hay momentos de comedia visual maravillosos, los mejores de todo 2023 junto a varios arrebatos de Aki Kaurismäki en Fallen Leaves (ese amigo algo gañán del protagonista acercándose a la mesa de las mujeres en el bar), otra Perla de este Zinemaldia (la edición de mejor nivel en años y el año de mejor nivel cinematográfico en los mismos o más años).

Por elegir uno, quizá menos resaltado en otras críticas, el momento en el que Natalie Portman toma una fotografía antigua de Julianne Moore con su bebé recién nacida. A los pocos segundos, estira un pliegue de la foto y vemos que está sujetando a la recién nacida mientras tiene grilletes en sus pies y sigue presa. Queda aquí resumida la apuesta exagerada, grotesca y de poquísima vergüenza que impregna estos Secretos de un escándalo.

De esta manera, si aquí el choque entre la ficción y la realidad (o la realidad que no es una representación ficcionada) está al servicio del goce más absoluto, en La estrella azul es una decisión brillante para abordar con mayor madurez y sensibilidad un pasaje delicado.

secretos de un escándalo san sebastian 2023
Imagen de ‘Secretos de un escándalo’

Quizá porque consigue combinar ambos elementos, la mejor escena del año está en una tercera Perla del Zinemaldia, la Anatomía de una caída de Justine Triet. Se trata de la archireproducida discusión entre la protagonista y su marido muerto. No tanto la pelea en sí, sino cuando regresamos a la transcripción verbal y la grabación sonora del acontecimiento.

Al triple nivel que hace de la decisión formal de Triet la más inteligente. Salimos de la reconstrucción en imágenes de la escena primero porque está concluyendo, así que la directora nos enseña lo que las personas implicadas o presentes en el proceso contemplan (solo texto y sonido). Pero también para mantener la tensión, de forma que no sepamos la resolución exacta de esa confrontación, si la protagonista miente o no sobre lo que sucedió el día anterior a la muerte de su marido. Y en un tercer nivel, es un fuera de campo que elude mostrar la violencia en toda su crudeza, las consecuencias de una relación rota de la que hemos tenido pinceladas a lo largo de toda la película.

Si por algo sigue mereciendo la pena acudir a festivales como el de San Sebastián, es para descubrir con las mínimas referencias previas esos momentos inesperados de punzadas cinematográficas inesperadas que se clavan muy dentro del corazón y la cabeza.

Desde lugares completamente distintos Macipe, Haynes, Kaurismäki y Triet fueron algunos de los cineastas que lo lograron en 2023 (también Erice, Rodrigo Moreno, Eduardo Williams o Hamaguchi). Los dos primeros, además, a partir de una posición en la que resaltan el carácter de sus películas como películas muy películas. Con ello consiguen unas emociones nada ficticias, tan materiales como una puñalada en el corazón, una patada en el estómago o unos pelos que se erizan cuando revienta la emoción de un tema que llega a las entrañas.

Foto del autor
Guillermo Hormigo
Algeciras (Cádiz), 1997. Graduado en Periodismo y Comunicación Audiovisual, con un Máster en Teoría y Crítica de la Cultura. Formado en las redacciones de eCartelera e infoLibre, medios donde siguió colaborando con temas culturales y de sociedad. Actualmente contando Madrid y su cultura desde lo local, que es lo más universal, en Somos Madrid y Hoy Se Sale.