Crítica de “La vida de Calabacín”

Si bien los nominados a “Los Oscar” a mejor película, no están al nivel que merece unos premios de este estilo, las películas de animación han entrado con talento y fuerza en las nominaciones. Desde las producciones más comerciales de Disney, como “Vaina” o “Zootrópolis”, a la mágica leyenda de “Kubo”, pasando por la maravillosa fábula de “La tortuga roja”,  han encandilado a público y crítica. Y “La vida de calabacín”, la quinta película nominada, se suma a este buena racha dejando una pequeña joya en la gran pantalla.

“La vida de Calabacín” nos traslada a un orfanato, donde un grupo de niños con orígenes e historias completamente distintas, tienen en común un pasado crudo e inestable. A través de Calabacín, iremos conociendo a todos los personajes, sus miedos, sueños  y defectos; hasta llegar a encariñarnos con todos y cada uno de ellos.

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Hay películas que resultan entrañables por lo que cuentan, en otras ocasiones es cómo se cuenta lo que más llama la atención. En “La vida de Calabacín” además se suma la importancia de quién cuenta la historia.  Niños hablando de temas tan duros que son incapaces de comprender, pero que aún así han experimentado en sus propias carnes. La incomprensión de el por qué, y la poca experiencia de los protagonistas en los temas de la vida, dará el toque de inocencia a historias desgarradoras.

Pero no todo es triste en esta película. Al revés, te ríes tanto como lloras. Momentos dulces, cómicos y entrañables se entremezclan al drama. Y conceptos como la amistad, la soledad y el amor aparecen en una de las visiones más tiernas que hemos visto en el cine.

Una madre abrazando y besando a su hijo, da lugar a una de las escenas más potentes, que resume a la perfección el conjunto de la película. El siguiente plano recoge las caras de los niños, viendo como una situación tan común y natural para cualquiera de nosotros, supone una utopía para ellos. Miradas de envidia sana reflejan el deseo de todos y cada uno de ellos de sustituir a ese niño, de sentirse queridos y protegidos por una madre. Una escena que para el corazón, y donde por un momento, comprendes a la perfección a cada uno de ellos.

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El stop-motion de la película, sin ser tan espectacular como en el caso de “Kubo y las dos cuerdas”, es suficiente para la historia, e incluso su sencillez ayuda a darle el significado que busca. Ojos grandes, caras redondeadas, orejas bien diferenciadas y cuerpos minúsculos crean personajes adorables.

A veces la familia la encuentras en los sitios más inesperados; y Calabacín nos muestra que los verdaderos lazos no son los de sangre; son los del compromiso, los actos desinteresados y la preocupación por aquellos a los que quieres. Y sólo cuando eres capaz de apreciar esos detalles, llegas a apreciar más a la personas que merecen la pena y olvidarte de aquellos que sólo te hacen la vida más complicada. Una buena película, un atractivo diseño y una estupenda moraleja que nos lleva a la conclusión de que la vida merece la pena por aquellos que hacen que la merezca.

puntuación de 4 sobre 5

 

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