Crítica de ‘Una razón para vivir’ dirigida por Andy Serkins

‘Una razón par vivir’ es bonito relato que a pesar de sus fallos consigue llegar al espectador no con el drama, sino con la esperanza.

El actor Andy Serkins ha querido ponerse tras la cámara para dirigir una historia real de superación y amor. La de un hombre al que la polio le deja tetrapléjico y hasta precisará de una máquina para una función tan vital como respirar. Pero donde en lo momentos más duros de su vida, el amor y la fuerza convertirán unos pocos días agónicos, en años maravillosos para una familia  que ya había perdido cualquier esperanza.

‘Una razón para vivir’ bebe del cine clásico para trasladar esta historia a la gran pantalla. Y eso se percibe desde el comienzo, con una historia de amor extraña y precipitada, que sirve de premisa para contar lo que realmente importa, la vida tras la enfermedad de su protagonista. Y como su empeño y dedicación sirvió para mejorar la vida de muchas personas a las que el destino había jugado una mala pasada.

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Andrew Garfield y Claire Foy en Una razón para vivir

A pesar del drama en el que nos sumerge, tiene un aura positivista que ayuda a que en seguida deje de ser una historia triste, para convertirse en una muestra de lo que el ser humano es capaz con compromiso, amor y lucha. Quizás la película lleve ese positivismo al límite, con momentos tan poco creíbles que inevitablemente te distancian del cometido principal. Viéndose una prueba de ello en el viaje a España y todos los acontecimientos que le suceden

Para el reparto tenemos a la fantástica Claire Foy, la reina en ‘The Crown’, que se consolida como una gran representante de época, con la dulzura y el coraje necesario para volver a dar a su marido las ganas de vivir. Sin embargo, Andrew Garfield sobrecarga en su interpretación, y si bien es la cara su única fuente de representación, hace que sus exagerados gestos y expresiones abrumen al espectador.

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Nadie se cree que la cara de Andrew Garfield sea de verdad

‘Una razón par vivir’ tiene componentes del cine clásico más idealizado que no comulgan con el realismo de la propia historia y una dirección imperfecta en los puntos más álgidos de la trama. Pero también es una bonito relato que a pesar de sus fallos consigue llegar al espectador no con el drama, sino con la esperanza.

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