Crítica de ‘Reparar a los vivos’

Reparar a los vivos nos ofrece una visión diferente y realista de hasta que punto la tragedia de alguien puede ser un regalo para otro.”


Desde Francia nos llega ‘Reparar a los vivos’. La nueva película de Katell Quillévéré, dispuesta a contarnos el lado más humano de los trasplantes de órganos. Para ello, recurrirá a la historia de dos personas. Un joven que, tras un accidente de tráfico, termina en un coma irreversible. Y una mujer con problemas de corazón, a la espera de uno nuevo para poder seguir adelante con su vida.

Pese a la gravedad de su temática, ‘Reparar a los vivos’ huye en todo momento del dramatismo innecesario. Los momentos de tristeza están presentes, como no podía ser de otra forma debido a la historia. Pero se reducen a lo meramente necesario y natural, nunca forzados. Lo más importante de todo es ofrecer un relato lleno de humanidad.

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‘Reparar a los vivos’ recuerda que fumar mata

Y es en ese aspecto en el que destacada la película. Su fiel retrato, tanto de los pacientes, como de sus familiares e incluso de los médicos. Todo cargado de realismo, y narrado de forma íntima. Nos introduce de lleno en la vida de esos personajes para que sintamos de primera mano todo lo que implican este tipo de procedimientos.

Unos padres incapaces de asumir que su hijo se ha ido, por mucho que una máquina le mantenga artificialmente con vida. Un médico que, pese a todo lo que ha vivido, se sigue implicando al máximo en cada caso. O unos hijos manteniendo a su madre al margen de sus problemas, para no empeorar aún más su corazón. Personajes totalmente distintos, pero unidos por su amor a los demás incluso en las circunstancias más adversas.

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Reparando a un vivo

El mayor problema de ‘Reparar a los vivos’ es que, en su búsqueda de la naturalidad y el realismo, en ocasiones cae demasiado en la monotonía. Salas de espera, conversaciones intrascendentes, todo ello contribuye a que, en algunos tramos, la película se haga algo lenta.

Pero, pese a ello, si conseguimos introducirnos en la trama, seremos recompensados con una visión diferente a lo que solemos estar acostumbrado en este tipo de temas. Una valoración real de hasta que punto lo que resulta una tragedia para unos, puede ser la salvación de otros. Dos caras de una moneda, en la que uno debe perder para que el otro gane. Pero en la que, incluso el que pierde, puede encontrar un ligero consuelo al saber que, antes de irse, su hijo ha hecho feliz a una última persona.

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