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Crítica ‘¿A QUIÉN TE LLEVARÍAS A UNA ISLA DESIERTA?’: la película de Jota Linares para Netflix

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2.5

Título original: ¿A quién te llevarías a una isla desierta?
Duración: 93
Año: 2019
Estreno: 12/04/2019
País: España
Director: Jota Linares
Guion: Jota Linares, Paco Anaya
Reparto: Pol Monen, Jaime Lorente, Andrea Ros, María Pedraza

Lo mejor: tratar la voz generacional desde el fracaso.

Lo peor: diálogos poco creíbles y personajes mal construidos.

¿A quién te llevarías a una isla desierta? Una pregunta aparentemente sencilla que sin embargo convierte una noche de despedida para cuatro amigos en un auténtico torbellino de secretos que salen a la luz, redecillas que hacen peligrar amistades y amores secretos que se esconden tras puertas cerradas con mentiras.

Cuatro amigos que tras ocho años conviviendo juntos en un piso de Madrid finalmente tienen que separarse para seguir cada uno su camino. El problema es que ese camino no es precisamente el que esperaban: una actriz fracasada que no consigue un contrato, un proyecto de director de cine que decide regresar a los estudios para encontrar un talento del que carece, un estudiante de medicina atrapado en una vida que no siente suya y una bailarina de danza clásica capaz de dejar todo por amor aún sabiendo que su talento se irá por la borda. Cuatro versiones de una generación frustrada a la que se le prometió qué podrían ser quienes ellos quisieran y que sin embargo ocho años después se dan cuenta de que era solo una fantasía ingenua de unos críos inexpertos.

Andrea Ros, Jaime Lorente, María Pedraza y Pol Monem
Andrea Ros, Jaime Lorente, María Pedraza y Pol Monem en ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?

Estamos acostumbrados a que las voces generacionales se creen con la energía y las ganas de los primeros momentos. Si la película hubiese sido rodada ocho años antes habríamos visto a unos jóvenes que se quieren comer el mundo y que confían en ellos mismos por encima de sus capacidades. Nos habrían hecho creer que todo es posible, que las ganas y el esfuerzo siempre son recompensados. Por eso es tan certero que la voz de esta generación no se haga desde el triunfo de lo desconocido sino desde el fracaso de lo vivido. Que sea precisamente ese punto de inflexión en el que se dan cuenta de que la vida no es precisamente lo que ellos habían imaginado y que la realidad es un golpe que deberán aprender a solventar.

Pero una película de personajes donde son ellos la razón de ser, necesita protagonistas perfectamente dibujados. Porque necesitamos conocerlos en profundidad para que cada reacción que muestren a lo largo de la obra no solo sea creíble sino que además logre tocarnos. Sin embargo, en este caso no lo consiguen. En parte porque no nos creemos los diálogos y menos a ellos diciéndolos. No son reacciones naturales ni sentimientos bien medidos, sino que parece que leen las frases de terceros y que en vez de sentirlas, las fuerzan.

Andrea Ros, Jaime Lorente, María Pedraza y Pol Monem en '¿A quién te llevarías a una isla desierta?
Andrea Ros, Jaime Lorente, María Pedraza y Pol Monem en ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?

La primera parte está desaprovechada entre encuentros que dicen muy poco y diálogos que no llevan a ninguna parte. Es luego, en el salón, finalmente juntos los cuatro, cuando la carne se pone en el asador y  la situación les acaba estallando en las manos. En el ambiente se percibe el miedo a los que vendrá, la frustración de lo que no se ha logrado, la tristeza de la despedida y a la vez los secretos guardados bajo llave que se clavan como puñales. Pero esa parte, que en verdad debería haber sido la única (en  buen guion no habría hecho falta esa presentación tan insulsa para meternos en el terreno de juego), tampoco logra su objetivo. Tanto los enfados, los gritos y los lloros están visiblemente coreografiados mostrando una artificialidad que no casa con lo que trata de contarnos. No hay naturalidad ni fluidez, solo mucho sudor, literalmente.

‘¿A quién llevarías a un isla desierta?’ solo conseguirá tocar a aquellos que absorban la historia como suya. Pero siendo el reflejo de su propia experiencia el que monte una película que por sí sola no funciona. Porque la idea es brillante y su intención maravillosa, pero todo lo demás cojea como si fuera la moraleja de la propia película.

valoracion de dos y medio sobre cinco