Crítica de ‘Perfectos Desconocidos’ de Alex de la Iglesia

Perfectos Desconocidos te invita a una velada agradable llena de entretenimiento donde el postre llega en forma de dilema para el espectador.

Álex de la Iglesia dirige el remake italiano de éxito Perfectos Desconocidos, que conserva el nombre en su adaptación española. El director bilbaíno, que este mismo año estrenó El Bar, vuelve a ponerse tras las cámaras para dirigir una cena de lo más movida, en la que un grupo de amigos descubrirán que no se conocían tan bien como pensaban. Y es que tras jugar a un juego en el que situando todos los móviles encima de la mesa hay que leer en común los mensajes que van llegando, empiezan a descubrir secretos que lo cambiarán todo.

Los siete comensales forman un grupo de lo más variopinto, encontrándonos a personajes despreciables ,  a otros con claro-oscuros y finalmente a alguno excepcional . La película saca el peor lado de unos amigos que parece no conocerse tan bien como pensaban y de parejas que se esconden más cosas de las que deberían. Traición, egoísmo, homofobia y violencia, así se nos muestra la miseria humana en una simple cena.

Critica de Perfectos Desconocidos de Alex de la Iglesia
Todos somos Pepón Nieto cuando alguien grita Selfieee

Los actores están todos estupendos en sus respectivos roles, aunque hay que destacar a Eduard Fernández y a la pareja formada por Juana Acosta y Ernesto Alterio. Al primero por toda la verdad y cariño que trasmite, a los segundos por la locura  y toxicidad que arrastran siendo lo contrario a un ejemplo a seguir

La dirección es impecable, y Alex de la Iglesia consigue guiarte en cada discusión y conversación convirtiéndote en un comensal más en la mesa y no dejando que te pierdas en los líos de faldas de los invitados. Además pone su sello personal creando más tensión en el grupo, llevando al límite las situaciones y generando momentos terroríficos desde el primer plato hasta el postre . Y es que no podía faltar un buen cuchillo clavado en la mesa o una copa de vino rota en las manos.

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Balconing

El problema es que el humor tiene un tono desgastado al estilo Matrimoniadas que para algunos puede ser hilarante pero para otros anecdótico o incluso rancio. Y la carcajada o la sonrisa depende por completo del  espectador. Líos de parejas de mediana edad, arrastrados por el matrimonio y con el consuelo de los hijos, el alcohol o una nueva operación de pechos que les salve de la crisis de edad.

Perfectos Desconocidos pierde en esencia de cara al final  y concluye sin hacer justicia a lo que ha pasado en una noche en lo que lo peor de la gente sale a la luz. Pero al fin y al cabo te ofrece una velada agradable llena de entretenimiento donde el postre llega en forma de dilema para el espectador el cual sale de la sala preguntándose si de verdad queremos saber todo sobre nuestros amigos, o somos más felices en la ignorancia.

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