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Crítica de ‘El mundo es suyo’, los compadres en horas bajas

‘El mundo e suyo’ se confía en que el acento andaluz sea suficiente para convertir en risa todos esos chistes sin gracia.


Vuelven los compadres, y vuelven con el jersey anudado y las patillas bien marcadas, para convertir las conversaciones triviales de bar entre cuñados en una nueva película donde los tópicos autonómicos regresan en primer plano.

Así es como tras ‘El mundo es nuestro’ en 2012 (un largometraje que además fue financiado en parte por crowfunding), regresan con una nueva película cambiando una única palabra en el título, “El mundo es suyo”, dejando claro que siguen siendo ellos mismos, con más años y menos pelo, pero con la misma guasa y caradura. Una comedia en la que veremos al dúo metido en una aventura disparatada mientras intentan huir de un negocio fallido con la mafia rusa.

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Los compadres en ‘el mundo es suyo’

La película apenas necesita 5 minutos para mostrarnos lo que podemos esperar de ella: humor fácil sin ningún tipo de desarrollo ni profundidad. Abundan las bromas superficiales que solo buscan explotar los lugares comunes del género, y se confía en que el acento andaluz sea suficiente para convertir en risa todos esos chistes sin gracia.

Tenemos sevillanos capillitas, políticos corruptos, perroflautas antisistema o gitanos narcotraficantes. Tópicos que podrían ser buenos ingredientes si el humor los desarrollase para convertirlos en una buenasátira, pero que se limitan a quedarse en lo superficial, sin ofrecer ningún tipo de humor más allá de volver a ver la misma caricatura que ya hemos visto un centenar de veces.

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‘Los compradres’ en el mundo es suyo

Quizás resulte todavía más sangrante por tener tan reciente el ejemplo de ‘Campeones’. Donde Javier Feser supo sacar todos los tópicos de un colectivo, y trabajarlos hasta crear con ellos chistes tan simpáticos como efectivos. Ese trabajo es el que se echa en falta en ‘El mundo es suyo’, y lo que la convierte en una comedia vacía y sin gracia.

Los compadres pueden tener su lugar en un sketch de humor, como personajes secundarios recurrentes en una comedia e incluso como protagonistas de un anuncio de Cruzcampo. Pero dedicarles toda una película sin esforzarse en los chistes y el guion, solo esperando que sea su exagerada caricatura y el acento andaluz los que tiren del carro, nos deja, precisamente, aquello de lo que se burlan, dos tipos horteras que resultan repetitivos.

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