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Crítica de ‘DUMBO’ de Disney: el circo de Tim Burton

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Dumbo ha marcado la infancia de varias generaciones desde su estreno en 1941, cuando el pequeño elefante de ojos azules del que se burlaban por sus grandes orejas acabó mostrando que lo que le hacía diferente también le hacía especial. Y como bien decían los pájaros cubanos, andaluces en la versión español, ‘así es como vimos lo que nunca esperábamos ver, un elefante volar’.

Con la nueva moda de Disney de revitalizar sus clásicos y además hacerlo en imagen real, tras Cenicienta, El libro de la selva y La Bella y la Bestia, ahora le tocaba el turno a Dumbo. Aunque no será el único remake que veremos este año, en mayo se estrenará Aladín y en julio El rey león. Tres películas icónicas recreadas en carne y hueso pero sobre todo, en CGI.

La nueva película de Dumbo se aleja del clásico apostando por la imaginación de Tim Burton para darle una nueva seña de identidad, confiando en que un cambio de aires combine la emoción de la película de los cuarenta con una nueva apuesta visual donde el circo cobre vida propia. Incluso consigue devolvernos a la original mediante guiños que los más fans percibirán en seguida, como la aparición de las cigüeñas como indicio de un nuevo bebé, las bombas de jabón bailando al ritmo de la música o los ratoncitos  blancos vestidos de domadores de circo.

Imagen de 'Dumbo' 2019
Imagen de ‘Dumbo’ 2019

La película comienza de forma espectacular, invitándonos a entrar en el circo y conociendo a un pequeño elefante recién nacido. Una auténtica ricura de ojos azules de la que enseguida nos encariñamos y que desata todo nuestra ternura. Sus orejas ya las conocíamos y su capacidad de volar también, pero es entrañable ver cómo lo descubre él mismo, con pluma mágica incluida. Y también entristecemos cuando es alejado de su madre mientras se convierte en una atracción de feria en contra de su voluntad.

Pero la película se centra en los niños más que en el elefante, en especial en la pequeña Milly, adueñándose prácticamente del papel protagonista y convirtiendo su afición por la ciencia en la diferencia que le aleja de los demás. Así es como Dumbo queda desplazado a ser el secundario en su propia historia. En la película de 1940, si bien es cierto que era el pequeño ratón el que precipitaba los acontecimientos, no quitaba protagonismo a nuestro Dumbo, sino que le ayudaba en su aventura como un guía que no le hacía sombra. Aquí la niña se adueña hasta del drama, con un padre que viene de la guerra sin brazo, una madre fallecida y sin encontrar su sitio en su propio hogar.

Imagen de 'Dumbo 2019'
Imagen de ‘Dumbo 2019’

Aún así, el verdadero problema de la película comienza en la segunda parte, cuando el circo se vuelve caótico y retorcido. Dumbo no solo vuela, sino que se transforma en un medio de transporte en pro del espectáculo. Por su parte, la emoción y sensibilidad con la que la relación paterno filial de Dumbo con su madre hacía que sacáramos los clinex de dos en dos, se queda en algo puntual que no han sabido explotar. Una pena, porque

Dumbo arriesga alejándose del clásico, pero acaba convirtiéndose en un espectáculo para el que no habíamos comprado entradas. La delicadez y ternura con la que se narraba la historia que conocemos se transforma en un show donde los efectos visuales y las acrobacias ganan terreno a los sentimientos., Pero no necesitábamos un circo colorido y fabuloso, lo que queríamos es volver a ver a Dumbo, con sus orejas, su bondad y su inocencia, derrochando valentía y ternura a partes iguales. Porque sí, ya habíamos visto un elefante volar, pero también queríamos volver a emocionarnos como si fuera la primera vez.

valoracion de dos y medio sobre cinco