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Crítica de ‘Dolittle’ con Robert Downey Jr.: el peor animal sigue siendo el hombre

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Summary

Ver a Robert Downey Jr. hablando perro, ganso, oso o insecto palo, o lo que es lo mismo, hacer ruidos incomprensible mientras pone caras, no es lo que más me apetecía después de disfrutarlo como Ironman durante una década, pero podría habérselo perdonado si al menos el resto de la película hubiese valido la pena. Pero Dolittle nos embarca en una aventura sin rumbo donde hibernar 90 minutos es la mejor solución posible.

SINOPSIS: El Doctor Dolittle vive encerrado en su casa rodeado de animales aunque alejado del resto de la humanidad desde que su mujer falleciera en una expedición en medio del mar. Pero cuando la reina de Inglaterra enferma no le quedará otra opción que ponerse rumbo a la aventura para tratar de salvarla. Así es como rodeado de toda su fauna, niño huérfano incluido, nos adentra en un peligroso viaje a lo desconocido para encontrar la cura.

Robert Downey Jr. en Dolitle

Es evidente que el público de esta película son los más pequeños. Pero eso no justifica que Doolitle tenga una construcción narrativa desastrosa, un montaje caótico y que use más elipsis que CRITERIO para enlazar la trama. La historia está mal contada y lo peor, ni siquiera es interesante. Menos mal que tiene un as debajo de la manga: animales monos a los que explotar como si de un circo se tratara.

Porque sí, lo mejor son los animales. De hecho parece ser lo único en lo que se han esforzado un mínimo dándoles más personalidad que al propio Dolittle, destacando la ardilla vengativa y el avestruz miedica. Incluso podíamos decir eso de que «el peor animal es el ser humano» porque RDJ lo cumple: exagerado, incómodo y consciente de que le habla todo el rato a una simulación. Se nota que había que pagar las facturas, pero parece que esforzarse no figuraba en el contrato.

En resumen, la única respuesta lógica viendo el resultado es que Dolittle la haya dirigido un mono, la haya escrito un ganso y la haya montado un perezoso. Eso o que los productores confíen muy poco en el criterio de los niños y mucho en los padres que pagarían lo que fueran necesario por ver a sus hijos callados durante hora y media.

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