Análisis de ‘En realidad nunca estuviste aquí’ (You were never really here) [Explicación del final con spoilers]

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Si estás leyendo esto es que has visto “En realidad, nunca estuviste aquí” (You were never really here) y buscas a alguien que te aclare un poco las ideas. Es normal, a todos nos ha pasado. Y no es que su argumento sea demasiado complejo, pero la forma en la que está narrada hace que resulte indudablemente confusa. Así que vamos a intentar aclararnos un poco.

Nos encontramos ante una clásica historia de venganza protagonizada por un personaje atormentado. Joe (Joaquin Phoenix) es un veterano de guerra que trabaja como mercenario a sueldo, liberando a mujeres secuestradas.

Un día recibirá el encargo de liberar a la hija de un senador. Pero una vez involucrado en el caso, descubrirá que en realidad no se trataba de un secuestro al uso. El senador, enfermizo y depravado,  había acordado con otro hombre y padre,  intercambiar a sus hijas por motivos tan turbios que no se llegan a aclarar en la historia, pero que podemos imaginarlos. Tras un tiempo decidió acabar el intercambio, pero el otro implicado se negó a devolverle a su hija, de la que según cuentan en la película, se había ‘encariñado’. Así que el Senador se ve obligado a contratar a Joe, manteniendo a la policía alejada ante el despropósito del trato que había llevado a cabo.

Esto provocará que asesinen al senador, convirtiéndolo en un suicidio para la prensa. Pese a ello, Joe continúa con su misión, pues su terrible pasado y su deseo de ayudar a las personas en peligro le obligan a seguir adelante. Joe acude a liberar a la niña y, para su sorpresa, la encuentra junto al cadáver de su captor, al que ella misma ha asesinado.

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Joaquin Phoenix y Ekaterina Samsonov
El guerrero atormentado

El personaje de Joe no es ninguna novedad en el cine. De hecho, podríamos decir incluso que resulta un cliché; un exmilitar atormentado que trabaja como mercenario a sueldo y vive una vida de tormento continuo. Sin embargo, lo importante en este caso no es tanto el personaje, sino como está reflejado. Quizás la idea no se nueva, pero pocas veces la hemos visto tan expuesta en el cine.

La directora, Lynne Ramsay, consigue que nos metamos de lleno en la cabeza de Joe. A través de un montaje absolutamente prodigioso que alterna entre pasado y presente, entre realidad y ficción, de forma tan difusa que hasta nos cuesta distinguirlas. No en vano, estamos viendo la historia a través de los ojos de su protagonista, un hombre de mente trastornada. De ahí que todo resulte tan caótico.

Sin embargo, todo este excelente trabajo no serviría de nada de no contar con una interpretación suficientemente buena para respaldarlo. Y aquí es donde Joaquin Phoenix hace acto de presencia, con un papel titánico que resulta un pilar fundamental de la película. El actor logra hacer de Joe un personaje aterrador y tremendamente perturbado, a la misma vez que frágil y lleno de ternura. Una labor excelente.

La unión de estos dos factores, dirección e interpretación, funciona de forma perfecta para dibujar al personaje. Un hombre que se ahoga, literal y metafóricamente. Que vive por los demás para evitar afrontar su propia miseria. Con un pasado lleno de violencia, ya desde su más tierna infancia, del cual solo consigue huir, momentáneamente, mediante nuevas oleadas de violencia desmedida.

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Joaquin Phoenix como Joe
Una niña no tan desvalida

Resulta evidente que el trabajo de Joe resulta solo una excusa. Él ha vivido una infancia traumática que le ha marcado para siempre, y pretende evitar que otras niñas acaben como él salvándolas de sus terribles situaciones.

Es por eso que, al entrar en la habitación y ver a la pequeña junto al cadáver del hombre que la apresaba, Joe comprende al instante lo que está ocurriendo en su cabeza. Reconoce a alguien que esta sufriendo lo que él ya ha sufrido, y eso le hace conectar todavía más con ella. No es alguien al que deba proteger del mal, sino alguien al que proteger de si misma para que no acabe convertida en él. Joe sabe que debe salvarla, y eso le da una razón para seguir viviendo. Por eso se necesitan el uno al otro.

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La pareja protagonista en la escena final
It’s a wonderful day

Con su madre muerta, Joe seguirá adelante solo gracias a la niña. Por eso, al ir ella al baño en la cafetería, vemos esa escena en la que él se imagina pegándose un tiro en la cabeza. Al volver, la pequeña cerrará la película con una simple frase: “Despierta, hace un día precioso”. La vida ha sido injusta con ellos, seguramente nunca podrán recuperarse, pero no les queda más remedio que despertar y seguir hacia delante.

‘En realidad, nunca estuviste aquí’ es una película en la que prima la forma sobre el contenido. En la que el “¿qué?” pierde importancia frente al “¿cómo?”. La historia pasa a un segundo plano, lo esencial no es lo que ocurre, sino los sentimientos que nos provoca. Por eso abundan tanto esas pequeñas escenas, sin un significado verdaderamente literal, pero cargadas de un significado metafórico que busca evocarnos las emociones adecuadas.

En definitiva, una magnífica labor de Lynne Ramsay para conseguir que todos los elementos que rodean a una historia normal logren elevarla muy por encima de lo común. Dirección, montaje, actuación y banda sonora (magistral trabajo de Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead) se compenetran a la perfección para hacer de esta película un trabajo cargado de originalidad, que difícilmente dejará a alguien indiferente.

Puedes leer la crítica de ‘En realidad nunca estuviste aquí’ en la web.

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