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Análisis ‘GRACIAS A DIOS’ de François Ozon : explicación del final con spoilers

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GRACIAS A DIOS destaca por su narración inteligente y sincera centrándose en las víctimas y profundizando en sus secuelas.


‘La ley del silencio’ parece ser la ley que impera la Iglesia Católica frente a la ‘Ley de Dios’. Según la ECA Global, una organización de supervivientes del abuso clerical, habría más de 100.000 víctimas de abusos sexuales en todo el mundo por parte de miembros de la Iglesia y entre un 6-10% de los curas, según las estimaciones, serían pedófilos. Datos preocupantes que hacen que la exención con la que la congregación religiosa ha ocultado el crimen haya convertido su seno en una destructora de infancias.

François Ozon planta cara al silencio y lleva a la gran pantalla GRACIAS A DIOS,  la historia de la asociación La palabra liberada (La parole liberée), una asociación creada en 2016 donde las víctimas de abusos sexuales por parte del padre Preynat y de la diócesis de Lyon, decidieron unirse para denunciar cómo el cura se aprovechó de ellos cuando solo eran unos niños, así como la impunidad que el cardenal de Lyon, Decourtray, le otorgó sabiendo lo que estaba sucediendo en su diócesis. Unos testimonios estremecedores que nos obligan a reflexionar sobre nuestro papel como sociedad ante una profanación de la infancia de este calibre.

Imagen 'Gracias a Dios' (Grâce à Dieu)
Imagen ‘Gracias a Dios’ (Grâce à Dieu)

GRACIAS A DIOS

La película expone los hecho a través de las vivencias de tres de las víctimas mientras al mismo tiempo recrea la construcción y formación de ‘La palabra liberada’. Expone tanto lo que supuso para ellos los abusos cuando eran solo unos críos y a penas entendían lo que estaba sucediendo, así como las consecuencias a día de hoy con el trauma aún arraigado doblegando sus vidas. François Ozon expone la verdad sin recurrir al sensacionalismo pero sí de manera directa y emotiva. Construye el relato de forma inteligente, exponiendo todos los puntos de vista y profundizando en cada ámbito social, dejando claro que a cualquiera la podría pasar.

Lo maravilloso de esta película es que no se centra únicamente en los abusos y en las consecuencias para cada víctima, sino que va más allá y explora cómo la sociedad afronta la noticia. Desde las familias de los damnificados, a los que acompañará el dolor para siempre, hasta la prensa, la justicia e incluso la propia Iglesia.

Imagen 'Gracias a Dios' (Grâce à Dieu)
Imagen ‘Gracias a Dios’ (Grâce à Dieu)

TRES HISTORIAS, TRES INFANCIAS DESTRUÍDAS

Alexandre Guérin (Melvil Poupaud) es un padre de familia conservador y ultracatólico. Por eso, cuando descubre que el mismo cura que abusó de él sigue ejerciendo sus funciones, lo primero que hace es recurrir a la Iglesia para tratar de frenar la situación. No comprende como un pederasta puede seguir dando catequesis y continuar en contacto con niños.  El problema es que cuando trata de denunciar la situación, lo que él considera un refugio en el que depositar sus creencias y la base en la que educar a su propios hijos, resulta ser un muro contra el que choca una y otra vez. En vez de ayudarle, desde la Iglesia tratan de frenarle, de manipularle y esperan que olvide lo sucedido. Por lo que decide llevar el caso a un ámbito legal tras ser ignorado incluso por el Papa.

Esa pequeña semilla que planta Alexandre hace que otra antigua denuncia salga a la luz.  François Debord (Denis Ménochet) también fue  víctima del padre Preynat. Al principio François se niega  a escarbar en el pasado, pero  pronto descubre que en verdad el trauma sigue presente, que es parte de su vida y que no ha podido superar su infancia. Por lo que decide buscar a más víctimas y formar un grupo para denunciar los abusos del cura, lo que conocemos como ‘la palabra liberada. Pero él  quiere ir un paso más allá y atacar directamente a la Iglesia, sabiendo que este no es un caso único y que la legislación entre sus filas debe cambiar.

Imagen 'Gracias a Dios' (Grâce à Dieu)
Imagen ‘Gracias a Dios’ (Grâce à Dieu)

Así es como conocemos al tercer protagonista, Emmanuel Thomassin (Swann Arlaud), un hombre de clase baja al que al leer la noticia sobre la asociación decide contactar con el grupo y contar su propia vivencia. En su caso se aprecia cómo el suceso le ha destrozado por completo la vida e incluso sus relaciones sexuales. Pero también comienza a mejorar al descubrir que no está solo y que finalmente podrá hacerse justicia. Entre los tres lograrán exponer al padre Preynat y a la diócesis de Lyon frente a la justcia.

Estas son tres historias reales de víctimas que tuvieron el valor de contar su experiencia. Pero en la película también vemos otros casos que acabaron en suicidio, recurriendo a las drogas o alcohol para olvidar el pasado o incluso víctimas que no son capaces de hablar pero que tampoco pueden olvidar. Tantas y tantas vidas destrozadas por una única persona a la que se le dio impunidad para seguir perpetrando su crimen.

Imagen 'Gracias a Dios' (Grâce à Dieu)
Imagen ‘Gracias a Dios’ (Grâce à Dieu)

¿DÓNDE QUEDA DIOS EN TODO ESTO?

Casi al acabar la película uno de los hijos de Alexandre le pregunta a su padre ¿Sigues creyendo en Dios? El padre lo mira y no contesta. Pero ese último gesto nos sirve para reflexionar hasta qué punto nada de esto tiene que ver con Dios, con las creencias y con la espiritualidad de cada uno.

Cuando se formula esa pregunta nos damos cuenta que Dios no ha estado en ninguna parte. Esta película iba de criminales y de víctimas, de culpables y de inocentes, pero todo el rato de asuntos terrenales. Que una institución acuda a la espiritualidad de su sociedad para abusar de su poder no implica que nosotros tengamos que aceptar sus decisiones y seguirlas como corderos. Porque es política, en poder, es abuso y es dinero. Cuando el obispo de Lyon declaro que ‘la mayoría de los casos ya han prescrito, gracias a Dios‘ se olvidó de las víctimas y de los indefensos, se olvidó de las palabras del Evangelio a las que tanto aluden cuando les interesa, solo pensaron en su institución y en su poder.

La diferencia entre La Iglesia y la de cualquier otro partido político es que se aprovecha de las creencias de las personas para gobernar a su gusto. Porque cometemos el error de pensar que nuestra espiritualidad la dictaminan unos hombres con sotana y que atacarles a ellos es atacar a nuestras propias creencias. Pero viendo el caso de la diócesis de Lyon solo vemos hombres corruptos y manipuladores que anteponen su beneficio y a sus criminales antes que a su rebaño, permitiendo que se sigan destruyendo vidas antes que frenar sus intereses. Ni el Papa, que supuestamente aboga por la protección e los inocentes, mantiene sus palabras permitiendo que pedófilos y violadores ocupen las filas de la Iglesia.

Es escalofriante ver cómo se usa el nombre de Dios para cometer actos tan despreciables y vomitivos. Es terrible descubrir cómo se manipula en el perdón en vez de defender a los más débiles y como se pone en contra a las víctimas en vez de ayudarlas. Nuestra espiritualidad, da igual cuál sea, tiene que estar por encima de lo que dictamine una institución corrupta; y si ellos no son capaces de defender a las víctimas, nosotros como sociedad tenemos la obligación de hacerlo.