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Análisis ‘ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD’ (Once upon a time in Hollywood): Explicación del final con spoilers

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Dicen que la pasión es contagiosa y no hay duda de que Tarantino con cada nueva película nos transmite su amor por el cine. Pero es que además en ‘Érase una vez en Hollywood’ ese amor nos traslada al Hollywood dorado de finales de los sesenta para mostraron, por segunda vez, que la magia del cine puede incluso reescribir la historia.

Porque Érase una vez en Hollywood no es solo una carta de amor por el séptimo arte, como mucho la tintan, sino que es una muestra de su poder, capaz de hacer justicia y convertir el mundo en un lugar mejor, aunque sea solo durante tres horas.

LEONARDO DI CAPRIO Y BRAD PITT, LA SIMBIOSIS PERFECTA

Érase una vez en Hollywood nos presenta a Rick Dalton (Leonardo Di Caprio), una vieja estrella del western venida a menos  que pasa de ser el protagonista de su propia serie de éxito al villano ocasional en producciones de poca monta. Pero a pesar no ser seguir en el punto de mira de los productores, su talento es indiscutible y su esfuerzo innegable. Y la escena con la niña en el plató de rodaje deja muy claro que no estamos ante un actor de segunda, sino ante un profesional de primera.

Así es como Tarantino muestra una gran admiración por el trabajo y la entrega del actor, y es curioso que sea Leonardo Di Caprio el afortunado en dar vida a su protagonista. Pues tras Django Desencadenado y las constantes broncas que hubo entre ellos, parecía que nunca más volverían a rodar juntos. Pero si algo admiran los dos por encima de todo es el talento, y sabía que su relación no sería fácil, pero que su unión les llevaría al éxito.

Aunque Leonardo Di Caprio es la estrella, Brad Pitt tampoco se queda atrás y derrocha carisma cada segundo que pasa en escena, demostrando una vez más lo cómodo que se encuentra en la comedia. Él interpreta precisamente a  Cliff Booth, el actor de riesgo encargado de doblar las escenas más peligrosas para Rick Dalton, pero que en lo últimos años, con la falta de trabajo de la ex-estrella, ha acabado siendo el chico de los recados. A pesar de que su profesión no es tan lucida y está siempre a la sombra del éxito, sin duda es realmente bueno en los que hace hasta el punto de dejar en evidencia al mismísimo Bruce Lee.

Brad Pitt como Cliff Booth y Leonardo Di Caprio como Rick Dalton en ‘Érase una vez en Hollywood’

Además Cliff Booth será el nexo de unión entre el Hollywood dorado y Los Ángeles hippy. Con solo un cambio de coche nos adentrará barrios prestigiosos de Cielo Drive o en el patio de caravanas detrás de un autocine, y en ambos escenarios se desenvuelve con soltura, dejando claro que él también es parte de Hollywood.

Entre ambos, Rick y Cliff, hay una relación que va más allá de los profesional y que los convierte en una pareja atípica y única. Una especie de simbiosis donde nunca se genera conflicto, sino que es una lección de amistad constante que sin recurrir al sentimentalismo queda claro el aprecio que sienten el uno por el otro.

TARANTINO, UN NIÑO CON ZAPATOS NUEVOS

No hay ninguna duda de que Tarantino ha disfrutado grabando cada secuencia de la película. Porque además de hacer su particular homenaje a Hollywood, se ha permitido el lujo de rodar su propia película del oeste, rendir tributo al Spaguetti Western, grabar secuencias de acción de una serie inventada de la que incluso escribió guiones enteros, matar a nazis con lanzallamas e invitarnos a una fiesta con Steve Mcqueen en el que nos pone al corriente de los cotilleos de las estrellas.

Pero además en esta ocasión ha rozado incluso el género de terror. Decía Tarantino en una entrevista que nunca había imaginado la escena de la granja como una historia de terror hasta que la vio finalmente montada. Y es que desde que Cliff Booth aparca en el rancho George Spahn hasta que finalmente deja el recinto la tensión se palpa en el ambiente. Si al principio aparecía Pussy como una hippie inofensiva llena de vitalidad, cuando la vemos rodeada de toda la gran ‘familia’ entendemos que el verdadero horror se oculta en la comunidad y a plena luz del día. Unos minutos incómodos que contrastan con el toque jovial y placentero del resto de la película.  Desde luego es una sorpresa agradable con la que Tarantino acaba de conquistarnos por completo.

Escena del rancho en ‘Érase una vez en Hollywood’

SHARON TATE Y EL HOLLYWOOD DORADO

Estos días se ha criticado, injustificadamente por otra parte, el papel de Margot Robbie en Érase una vez en Hollywood, sobre todo achacando su falta de guion o la superficialidad con la que estaba tratado su personaje. Recordemos que ella encarna a Sharon Tate, una actriz en ciernes a la que se le privó de convertirse en un mito por sus méritos y se convirtió en leyenda por su horrible final a manos de la familia Manson. Pero Tarantino, plenamente consciente de eso, quiere darle la fama sin caer en los lamentos. Quiere que brille y que se luzca como la estrella que era y que debería haber seguido siendo.

La escena en la que ella misma va al cine a ver su propia película y disfruta observando a la gente reírse con su actuación, esa instante le da sentido a toda una profesión. Sharon Tate representa el Hollywood más glamuroso. Con una sonrisa ilumina toda una habitación. Hace que poner los pies en el asiento de al lado del cine sea algo tan natural como entrañable. Ella está por encima de todo lo demás, es la perfección encarnada. Por eso más diálogo la hubieran humanizado y vuelto terrenal, pero Sharon Tate debía ser mucho más que una actriz, debía convertirse en un icono. Una forma no solo de rendirle homenaje sino de hacerla justicia.

Margot Robbie en ‘Érase una vez en Hollywood’ y Sharon Tate

UN FINAL MADE IN HOLLYWOOD

La madrugada del 9 de agosto de 1969  la actriz Sharon Tate, su futuro hijo y otros cuatro amigos del matrimonio Polanki fueron asesinados por cuatro jóvenes, supuestamente enviados por Charles Manson para que perpetuaran el crimen. Las brutales muertes se han convertido en un agujero negro en la leyenda de Hollywood, un suceso atroz que conmocionó a la opinión pública y que además destruyó esa idealización hollywoodiense donde las estrellas eran dioses que vivían en su propio planeta donde nada malo podía ocurrir.

Pero Tarantino no vive en la vida real, él vive en su propio universo. Cuando hablábamos de la magia del cine al comeinzo del análisis nos referíamos justo a ese final de ‘Érase una vez en Hollywood‘, en el que la historia cambia y en el que Sharon Tate no solo continúa viva, sino que a penas es consciente de hasta qué punto ha sido afortunada de tener a Rick Dalton como vecino. Y es que Tarantino nos dice precisamente eso, un mundo con personas como Rick y Cliff es sin duda un mundo mejor. Uno en el que los buenos tienen finales felices y los malos acaban quemados con un lanzallamas. En el que los héroes son personas sencillas pero valientes y donde toda buena acción tiene recompensa. Un historia hecha en Hollywood con un final de película. Porque a veces hay que dejar la realidad de lado para volar a otro lugar mejor, y Tarantino sabe exactamente cómo llevarnos hasta él.

Leonardo Di Caprio como Rick Dalton en ‘Érase una vez en Hollywood’

LAS PUERTAS DEL CINE SE ABREN DE PAR EN PAR

El final de ‘Érase una vez en Hollywood’ es mucho más significativo de lo que se aprecia a simple vista. Tarantino ha querido representar el Hollywood antiguo a través de Rick Dalton y el moderno con Sharon Tate. Ambos viven contiguos y sin embargo parece haber una diferencia abismal entre los dos mundos. Mientras uno comienza a hundirse el otro le gana terreno y crece a grandes pasos.

Pero en la última escena, tras librarse de los hippies, Sharon Tate no solo muestra una gran admiración por Rick Dalton sino que le abre las puertas de su casa de par en par. Le invita a entrar en su vida en lo que puede ser el comienzo de una bonita amistad. Porque ambos mundos no son excluyentes: se puede seguir haciendo cine moderno referenciándose en el clásico, se puede admirar a las nuevas estrellas sin perder de vista a las antiguas y además, si eres Tarantino, puedes hacer que ambos mundos se hermanen en una sola película.