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Análisis ‘EL HOYO’ (Netflix): Explicación del final con spoilers

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El Hoyo es una de las películas de ciencia ficción española más interesantes de los últimos años. Una distopía futurista que nos sitúa en una plataforma gigante dividida por niveles donde un grupo de hombres y mujeres viven confinados tratando de sobrevivir en condiciones extremas. Una película que usa el ingenio para criticar el sistema capitalista en que nos vemos sumidos como sociedad, pero dando un atisbo de esperanza en medio del abismo más desesperanzador.

RESUMEN DE ‘EL HOYO’

Para empezar a hablar de El Hoyo hay que entender qué es exactamente Hoyo y cómo funciona. El hoyo es un proyecto llevado a cabo por una organización por el cual una serie de individuos quedan encerrados en una  plataforma hexagonal compuesta por 333 niveles donde en cada nivel conviven dos personas. Esas personas han podido entrar por voluntad propia o como castigo por algún crimen y el tiempo que pueden pasar en el programa va desde años a meses. La gran novedad del sistema es que desde el nivel 1 al 333 baja una plataforma cargada de comida que para un tiempo determinado en cada uno de los pisos. El problema es que a medida que la plataforma va bajando, la comida escasea, y en los últimos pisos ya no queda absolutamente nada. Esto produce que se den situaciones extremas de supervivencia donde todo está permitido para aguantar un día más en pie.

¿QUÉ REPRESENTA REALMENTE ‘EL HOYO’?

La película lo deja claro desde el primer momento, en el hoyo solo existen tres clases de personas: los de arriba, los de abajo y los que caen. Y la diferencia entre esas tres clases de personas es la suerte. Pues es el azar el que decide el nivel al que irán confinados cada mes.

Estamos ante una analogía de nuestra sociedad capitalista dividida en clases, donde nuestro nivel económico tiene que ver más por dónde naces que lo que luchas por conseguirlo. Un mundo en el que ya apareces con una premisas que determinarán tu vida y en el que asumes el papel que te ha tocado jugar. Un mundo en el que los más afortunados despilfarran los recursos sin pensar en que hay otras partes del planeta donde eso mismo escasea. Una sociedad destinada a poner al individuo por encima de la comunidad.

Imagen de ‘El Hoyo’

Por eso El Hoyo se centra tanto en mostrar la división por niveles. Al final cuanto más nos divida el sistema, menos posibilidades tendremos para reclamar a los de arriba lo que debería pertenecer a todos. Y mientras que en el nivel uno se comerán el pastel casi por completo, los de abajo se pegarán por las migajas culpando al vecino de llevarse más desperdicios y olvidándose que el de arriba les dejó sin pastel. 

Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en nuestra sociedad, donde la clase social en la que naces suele ser perenne a lo largo de tu vida, aquí la cosa cambia cada mes. Lo curioso es cómo en el Hoyo, aún sabiendo que un día pueden estar en un lado y al mes siguiente en otro, continúan comportándose como carroñeros, menospreciando a los que tienen abajo y envidiando a los de arriba. Pero ese comportamiento, aparentemente tan deshumanizado y salvaje, es fruto del sistema que se plantea. 

Para explicar exactamente lo que ocurre nos retornaremos a un experimento social que se se llevó a cabo en la Universidad de Stanford, en el que seleccionaron a un grupo de personas aleatorias sin nada en común, y la dividieron dando a la mitad del grupo el papel de policía y a la otra mitad el papel de presos. Acondicionaron los sótanos de la Universidad como una cárcel y les hicieron interpretar los roles que les habían tocado. A la semana tuvieron que suspender el experimento porque el sadismo al que se llegó fue estremecedor.

Imagen ‘El hoyo’

Aunque el experimento no se llegó a completar, si que se dieron dos conclusiones aclaratorias: las personas tienden a asumir los roles a los que son designados y que la gente “buena” en situaciones malas puede llegar a hacer actos desesperados. Y esto es precisamente lo que sucede en El Hoyo. No todo el mundo que está ahí es malo, y en otra situación no se comportarían de esa forma, pero dentro de ese sistema aparecen monstruosidades. Un claro ejemplo es el primer compañero de nivel del protagonistas, con el que llega a congeniar en el nivel 43 pero que acaba siendo su ganado en el 130. Una misma persona, dos roles diferentes en situaciones muy distintas.

¿QUÉ PAPEL JUEGA EL PROTAGONISTA?

Nuestro protagonista se mete en el sistema por voluntad propia, para conseguir un “título homologado”. Y ya una vez dentro descubre lo podrido e injusta que es la situación. Lo curioso es que él trata de cambiar las cosas desde el principio, pero nada de lo que hará será efectivo. Los de arriba no le escuchan y los de abajo solo cuando los amenaza con envenenar su comida (poniendo castigos como autoridad superior). 

Por eso en un sistema done el sistema no tiene conciencia y el individuo está por encima del conjunto, se crea esta sociedad neoliberal salvaje. Además, es un mundo en el que todo está tan dividido, es imposible buscar semejanzas con el que tienes cerca y acabas viéndolo como un enemigo en vez de con un aliado. Y ahí es donde de nuevo El Hoyo acierta, mostrando lo difícil que es cambiar un sistema donde aquellos que lo forman ya son parte de su dinámica y acaban conformándose con lo que tienen por miedo a que las cosas empeores. Como el que acepta un trabajo mal pagado porque al menos tiene trabajo.

EL FINAL DE ‘EL HOYO’

‘El Hoyo’ es una película oscura, pesimista, bestia e incómoda hasta el final, o bueno, hasta casi el final. Porque sus cinco últimos minutos logran dar ese atisbo de luz que no se había mostrado en ningún momento anteriormente. Pero antes de ir a la última secuencia tenemos que remontarnos hasta el nivel 6 para poder entender el final es su conjunto.

Cuando el protagonista llega al nivel 6 elige cambiar las cosas, elige usar su nueva posición de poder para revertir la situación. Él ahora está arriba, lo más arriba que ha estado nunca, y decide comenzar una revolución bajando nivel a nivel para repartir la comida, racionándola a su paso y asegurándose de que cada uno reciba su ración en función del piso en el que se encuentre. El problema es que cuando trata de razonar con la gente en cada uno de los niveles nadie le hace caso, nadie quiere conversar. Solo quieren disponer de la comida que les llega por estar donde están y la revolución torna en violencia.

Por eso deciden que la única forma de cambiar el sistema, siendo conscientes de que nadie va a dar su brazo a torcer, es  enviar un mensaje a la plata 0. Al principio deciden que ese mensaje sea la panacota, pensando que si queda un alimento al final del ciclo los de arriba se darán cuenta de que algo no funciona bien. Pero entonces, cuando llegan al último nivel, al nivel 333 encuentran algo que no esperaban hallar: LA NIÑA. 

Imagen ‘El hoyo’

Que una niña haya entrado en el sistema y que esté en el piso más bajo, y por lo tanto en la peor de las condiciones,  nos hace ver hasta qué punto el sistema está podrido. Un sistema que permite que un niño muera desnutrido es una auténtica calamidad. Por eso deciden que sea ella el mensaje. Si los de la planta cero descubren que una de sus reglas se ha incumplido ( supuestamente no puede haber niños menores de 16 años) las cosas deberán cambiar.

Pero  ese último momento tiene una simbología mayor y un mensaje más importante que una regla rota. Y es que esa niña simboliza la esperanza de las nuevas generaciones para que cambien el sistema. La gente que lleva tiempo encerrada en esa plataforma está acostumbrada a esa forma de vida y es difícil que cambien su visión del mundo, pero los que llegan por detrás aún pueden nutrirse de nuevas ideas que mejoren la situación. El Hoyo nos demuestra la importancia de educar a los que vienen detrás para que no cometan nuestros errores; darles las herramientas para que destruyan el hoyo en el que la sociedad se ha sumido y dejarles a ellos las riendas del mundo para que mejoren las cosas.

Y por eso el final es tan fantástico, porque después de mostrarnos lo mal que funciona la sociedad nos ayuda a comprender que la solución está por venir y hay que tener esperanza en las nuevas generaciones.

Si queréis saber más sobre la película no os perdáis nuestra PODCAST sobre El Hoyo 

 

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