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Análisis de ‘Disobedience’ de Sebastian Lelio (Explicación del final con spoilers)

ANÁLISIS DISOBEDIENCE EXPLICACIÓN DEL FINAL CON SPOILERS


DISOBEDIENCE: EL AMOR COMO ACTO DE DESAFÍO

Riot sonríe mientras le hace una fotografía  a un señor de unos sesenta años con el cuerpo lleno de tatuajes. De repente recibe una llamada que le aleja del objetivo de la cámara y  le hace chocarse de bruces con la realidad. Su padre, el rabino, ha muerto, un hombre al que no ve desde hace mucho tiempo y del que se alejó para llevar su vida ajena al mundo tradicional, conservador y puritano del que provenía. De repente el pasado le golpea. Sabe que tiene que volver a casa y asistir al funeral, pero también sabe que la vuelta no va a ser fácil, con el recuerdo como un dardo envenenado que abre heridas que nunca llegaron a currase del todo.

Y es cuando finalmente regresa a la casa de su infancia cuando todo lo que había imaginado se vuelve real.  Descubre que su padre le había olvidado, negando cualquier descendencia y donando todo sus bienes a la sinagoga antes de morir. También descubre que la gente en su lugar de origen la guarda rencor por haber huido alejándose de su mundo severo y sumiso. Aunque ente tanta inquina y resentimiento, también ve una cara que la lleva a tiempos felices, la de Esti,  su amor de juventud, que ahora está casada con su antigua amigo. A partir de ahí comienzan unos días hasta el funeral donde viviremos la historia de dos mujeres a los que las decisiones acabaron separando, pero que vuelven a unirse sabiendo que no pueden cambiar el pasado, pero sí elegir el futuro.

ANÁLISIS DISOBEDIENCE EXPLICACIÓN DEL FINAL CON SPOILERS
Disobedience

Es increíblemente agobiante la atmósfera que Sebastian Lelio ha creado en ‘Desobedience’ para transportarnos a una comunidad judía en las afueras de Londres, donde las reglas dictan cada paso de sus miembros. Y consigue que al final las nuevas generaciones acaben respaldando las tradiciones que adoptan de sus padres, como su destino ya marcado, en el que el matrimonio y los hijos son las máximas aspiraciones. Vemos a las mujeres vestir con ropa austera, oscura y ocultando cualquier resquicio de sexualidad. A los hombres tomando las decisiones importantes y marcando el provenir de una sociedad que se mantiene demasiado fiel a sus principios. Además, cada miembro es a la vez espía y juez del resto de la comunidad, vigilando que las normas se cumplan a rajatabla, haciendo que el ‘honor’ esté por encima de la libertad y la felicidad.

A partir de ahí la historia se divide en dos, para hablarnos no solo de Riot, sino dedicar su tiempo a Esti. Dos caras de una misma moneda que tomaron caminos diferentes; una huyendo y la otra aceptando un destino ya escrito.  El momento que lo cambia todo es cuando descubrimos que en verdad fue Esti la que llamó a Riot avisando de la muerte de su padre. Ahí no solo nos damos cuenta que en verdad le gustan las mujeres y que está encerrada en un matrimonio sin amor conducida por la comunidad, sino que además observamos cómo necesita soltarse las cadenas que la retienen, y piensa que con la vuelta de Riot puede reunir el coraje para cambiarlo todo.

Porque si hay algo que nos hiela la piel, es el frío, distante y metódico encuentro sexual que Esti mantiene con su marido el sábado por la noche. Que además contrasta completamente con la sensual, sugerente y desinhibida escena de amor con Riot en el hotel. Una escena de cama en la que Esti vuelve a ser ella misma durante unos instantes. Pero a pesar de ese momento tan especial, y la valentía instantánea de dejarlo todo y comenzar de nuevo, en seguida vuelve el temor a huir de lo único que ha conocido, el miedo a dejar a su marido y dejar de existir. Y es que el sometimiento que ha vivido durante toda su vida influye en que sus miedos e inseguridades la retengan a pesar de la infelicidad que le causa.

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Disobedience

Y cuando parece que nada va a cambiar, que Riot va a volver a Nueva York con más heridas abiertas  y que Esti va a seguir eclipsada por la severidad de su entorno, llega el embarazo. Y será  ese lazo de Esti con su bebé, lo que le haga ser valiente, no por ella, sino por dar una vida mejor a su futuro hijo alejada de una sociedad carcelaria. Y la vemos esperanzada, enfrentándose a la situación y dejando a su marido, el cual no tiene otro remedio que finalmente dejarla ir, porque al fin y al cabo, él siempre ha sabido quién era.

Por otra parte, mientras Esti está viviendo su liberación, Riot está luchando con sus propios demonios. La culpabilidad por haberse alejado de sus raíces, ya  la vez la rabia porque nada haya cambiado. Pero aún así acude al funeral de su padre como forma de cerrar heridas,  haciéndole en la escena final un retrato a su tumba. Una muestra de que deja atrás el odio y el rencor, quedándose incluso con los candelabros de su madre, para nunca olvidar de donde viene.

Y finalmente llegamos a la escena final  de ‘Disobedience’, tan bonita como simbólica. Vemos a Riot dejar de nuevo la ciudad e irse a Nueva York pero esta vez sin huir, solo despidiéndose de su pasado. Y a Esti a punto de comenzar una nueva vida, pero agradecida a su antigua amante de de haberla ayudado a liberarse y dar un paso al frente. Ambas saben que de momento tienen que tomar caminos diferentes para encontrar su propio destino, pero esta vez no es un adios, es simplemente un hasta luego.