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Análisis de Blade Runner 2049 (explicación con spoilers) : en busca del alma perdida

BLADE RUNNER


Mientras que la mitad de los espectadores tachan a ‘Blade Runner 2049’ de falta de alma, la otra mitad ha visto en esta nueva secuela del clásico de ciencia ficción una obra cargada de mensajes sobre la condición humana y nuestra forma de actuar y relacionarnos, tanto con otras personas como con el entorno. Un nuevo camino a explorar a la espera de que cree precedente, como ya lo hiciera Blade Runner en su día.

¿QUIÉN ES JOE?

Ryan Gosling da vida a un replicante con la única función vital de hacer el trabajo sucio que ningún humano quiere hacer. Es una herramienta al que tratan de forma discriminada y racista, a pesar de haber sido creado sin elección, y puesto en este mundo con intereses prácticos y económicos. Tras la discriminación entre sus compañeros de trabajo e incluso vecinos,  solo cuando llega a su casa y se encuentra con Ana de Armas tiene unos instantes para ser quién verdaderamente es. Pero está claro que se siente vacío y no le encuentra sentido a lo que está viviendo. Es una máquina sin propósito vital.

Pero la cosa cambia, cuando descubre que hay un bebé nacido de replicantes. Que un milagro ha sido obrado y además piensa que él puede ser ese milagro. Alguien nacido, no creado. Algo dentro de él cambia (que hasta en los test se perciben), y por primer vez se siente con voluntad, se siente con alma. El cambio no es físico, es mental; pero aún así es un cambio permanente que le definirá en sus futuras acciones.

ANÁLISIS DE BLADE RUNNER 2049
Ryan Gosling en Blade Runner 2049
SE HA OBRADO UN MILAGRO

Frente al individualismo que vende Hollywood en sus películas. Haciendo de los protagonistas los héroes, seres especiales o únicos en torno a los que gira la trama. Con Joe (Ryan Gosling) tenemos el ejemplo perfecto de simple peón prescindible que acaba encontrando su voluntad a pesar de ser uno más en medio de una marea.

-“¿Pensabas que eras tú verdad?. Todos lo hemos pensado.” Es este le momento exacto en el que Joe descubre que él no es el niño nacido y durante un instante todo se le viene encima. ¿Necesitamos sentirnos únicos y especiales para justificar nuestra existencia? Pero si creerse especial le había dado esperanzas para seguir, cuando descubre que es un peón más no vuelve a sus comienzo de máquina sin voluntad. Porque finalmente ha presenciado un milagro. Y sentirse parte de algo también da sentido a su vida.

Por cierto, un milagro que consiste en un nacimiento de un bebé que inspira a miles de replicantes para luchas por lo que creen. Una clara referencia bíblica del nacimiento de un salvador, o salvadora en este caso.

ANÁLISIS DE BLADE RUNNER 2049
Los replicantes en ‘blade Runner 2049’
LAS CLASES SOCIALES Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Si la primera película ya reflexionaba sobre qué es lo que en verdad nos hace humanos, poniendo sobre la mesa las diferencias existenciales entre un humano y un replicante, en esta secuela  la reflexión aumenta con Ana de Armas representando una nueva conciencia artificial incorpórea, fabricada con la única función de cumplir los deseos de su dueño, incluso si es de un androide el que estamos hablando. Observamos claramente cómo en los propios replicantes hay clase sociales e incluso racismo.

Este factor se vuelve muy evidente con la villana de la película, Luv (Sylvia Hoeks). La cual llora cuando ve morir a otros replicantes e incluso a humanos, pero que sin embargo le causa total indiferencia romper el dispositivo que da vida a Ana de Armas. Si reflexionamos cómo vemos el mundo, nos damos cuenta que las clase sociales consiguen distanciarte de los que consideras diferentes, incluso considerándolos inferiores o prescindibles. Haciendo que nos creamos más valiosos que otro ser humano por el simple hecho de haber nacido en uno u otro lugar, o en una clase social más aventajada.

También hay un creador, Niander Wallace (Jared Leto), con aires de Dios que teniendo en sus manos el poder de generar vida artificial, se cree con el derecho de quitarla cuando así lo considera. ¿El derecho a crear nos da el derecho a destruir? Y más importante, ¿Qué nos hace dueños de algo?

ANÁLISIS DE BLADE RUNNER 2049
Ana de Armas en ‘Blade Runner 2049’
¿QUIÉN SOY YO PARA TI?

Así se despide Deckard (Harrison Ford) de Joe (Ryan Gosling) antes de conocer a su hija. Joe le mira y sonríe, y es que Deckard lo ha cambiado todo en él, no personalmente, pero si la idea de lo que podía haber sido. Primero un padre y luego el obrador de un milagro. Le ha hecho cambiar a él mismo y no quiere despedirse sin juntar a ese padre y a esa hija,  porque de alguna forma representa lo que el mismo sintió cuando se creía el milagro y le está agradecido por ello.

En definitiva, BladeRunner 2049 explora nuestra voluntad como raza, nuestras motivaciones como individuo y cómo el verdadero  sentido de la vida es el que nosotros decidamos darle.  Mientras que en la primera película el mensaje era más pesimista hablando de nuestros recuerdos perdidos como lágrimas en la lluvia, en esta ocasión es la esperanza la que llama a las puertas de los replicantes. La película finaliza con Joe tumbado sobre un manto de nieve a expensas de morir, descansando satisfecho de haber dado finalmente  sentido a su vida. Y es que un copo de nieve no cambia nada, pero una nevada puede cubrir el mundo.

ANÁLISIS DE BLADE RUNNER 2049
Dos generaciones de Blade Runners

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